A París, a pesar de su lluvia perpetua, de sus tenderos sórdidos y la groseria homérica de sus cocheros, había de recordarla siempre como la ciudad mas hermosa del mundo, no porque en realidad lo fuera o no lo fuera, sino porque se quedo vinculada a la nostalgia de sus años mas felices
(y definitivamente es la ciudad mas hermosa del mundo)
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